Hermes Trismegisto enseño a cuestionar profundamente la imagen que los seres humanos hemos construido de Dios. Establece una distinción sorprendente: Dios no es la Inteligencia, no es el Espíritu y no es la Luz, sino la causa de todo ello. También distingue al Dios absoluto de los numerosos “dioses” a los que las culturas han otorgado ese nombre como una dignidad.